Todo ser humano tiene un sueño personal de la vida y ese sueño es
completamente diferente del sueño de cualquier otra persona. Soñamos en
concordancia con todas las creencias que tenemos y modificamos nuestro sueño según
sea nuestra manera de juzgar, según sean nuestras heridas. A eso se debe que los
sueños nunca sean iguales para dos personas. En una relación podemos fingir que
somos iguales, que pensamos de la misma manera, que sentimos lo mismo, que
soñamos lo mismo, pero eso es del todo imposible. Hay dos soñadores con dos
sueños. Cada soñador soñará su sueño a su manera. Este es el motivo por el que
necesitamos aceptar las diferencias que existen entre dos soñadores; necesitamos
respetar el sueño de cada uno.
De la misma manera que tu cuerpo está hecho de células, tus sueños están hechos
de emociones. Existen dos fuentes principales para esas emociones: una es el miedo y
todas las emociones que surgen de él; la otra es el amor y todas las emociones que
emanan de él.
En el camino del miedo tenemos tantas condiciones, expectativas y obligaciones que inventamos muchas reglas a fin de protegernos contra el dolor emocional, cuando,
lo cierto es que no debería existir ninguna regla. Estas reglas perjudican la calidad de los canales de comunicación entre nosotros, porque, cuando tenemos miedo,
mentimos. Si tu expectativa es que tengo que ser de una manera determinada, entonces
yo me siento obligado a ser de ese modo, aunque en realidad no soy lo que tú quieres
que sea. Entonces, el día que soy sincero y me muestro tal como soy, te sientes herido, te enfadas, así que te miento porque temo tu juicio. Tengo miedo de que vayas a censurarme, a declararme culpable y a castigarme. Y después, cada vez que te acuerdas de ese error, me castigas sin cesar por él.
En el camino del amor existe la justicia. Si cometes un error solamente pagas una
vez por él, y si realmente te amas a ti mismo, aprendes de ese error. En el camino del miedo no existe la justicia. Te obligas a pagar miles de veces por el mismo error. Haces que tu pareja o tu amigo pague mil veces por el mismo error, lo que provoca un gran sentimiento de injusticia y abre muchas heridas emocionales. Después, por supuesto, te preparas para fracasar. Los seres humanos hacen dramas de todo, incluso de las cosas sencillas y pequeñas. Pero si vemos esas desdichas en las relaciones normales del infierno es porque las parejas están en el camino del miedo.
En toda relación hay dos mitades. Tú eres una mitad y la otra mitad es tu hijo, tu
hija, tu padre, tu madre, tus amigos, tu pareja. De esas mitades, eres responsable sólo de tu parte; no eres responsable de la otra mitad. No importa cuán próximo te sientas o cuánta fuerza creas que tiene tu amor, bajo ningún concepto puedes ser responsable de lo que otra persona tiene en su cabeza. No te es posible saber lo que siente esa persona ni lo que cree ni conocer todas las suposiciones que hace. No sabes nada de ella. Esa es la verdad, pero ¿qué hacemos? Intentamos hacernos responsables de la otra mitad y esa es la razón por la que las relaciones del infierno se basan en el miedo, la desdicha y la guerra sobre el control.
Con la otra mitad podemos compartir, disfrutar, crear juntos el sueño más maravilloso. Pero ella seguirá teniendo siempre su propia voluntad, su propio sueño,
un sueño que jamás podremos controlar por mucho empeño que pongamos en ello.
Entonces, ante una situación así sólo podemos hacer dos cosas: bien crear un conflicto e iniciar una guerra de control o bien convertirnos en compañeros de juego y formar un equipo. Los compañeros de juego juegan junto a los jugadores del equipo, pero no contra ellos.
Si juegas a tenis, formarás un equipo con tu pareja y nunca iréis en contra el uno
del otro: nunca. Aunque los dos juguéis al tenis de distinta manera, tenéis el mismo
objetivo: compartir la diversión, jugar juntos, ser compañeros de juego. Ahora bien, si tu pareja quiere controlar el juego y te dice: «No, no juegues así; juega de esta otra manera. No, lo estás haciendo mal», no te divertirás en absoluto y con el tiempo, no querrás jugar más con ella. En este caso, en lugar de formar un equipo, lo que quiere tu pareja es controlar la forma que tienes de jugar. Y, sin el concepto de equipo, siempre tendrás un conflicto. Por lo tanto, si contemplas tu asociación, tu relación romántica, como un equipo, todo empezará a mejorar. En una relación, igual que en un juego, no se trata de ganar o de perder. Juegas porque quieres divertirte.
Para ser maestro en una relación tienes que trabajar en ti mismo. El primer paso
consiste en cobrar conciencia, en saber que todas las personas sueñan su propio sueño.
Una vez que sabes esto, es posible responsabilizarte de tu mitad de la relación, que eres tú. Si sabes que sólo eres responsable de la mitad de la relación, controlarás fácilmente tu mitad. No nos corresponde a nosotros controlar a la otra mitad.
Si respetamos a la otra mitad,en esa relación siempre habrá paz. No habrá guerra.
Finalmente, si eres consciente de que nadie más puede hacerte feliz y de que la
felicidad es el resultado del amor que emana de ti, experimentarás la gran maestría de los toltecas, la maestría del amor.
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